Sepultada en montañas de bibliografía sobre monstruos y nacimientos prodigiosos, busco claves para escribir mi artículo sobre los cambios de sexo espontáneos en los siglos XVI-XVIII. Verdaderamente no me sirven los hermafroditas, ni las relaciones de sucesos sobre seres con dos “naturas”. Lo que yo trato de hallar es infinitamente más divertido. “De cómo a una mujer, por realizar un esfuerzo impropio de su sexo, le salen genitales masculinos” (o lo que viene siendo una buena po**a, o cimbrel). Hubo cientos de casos en el siglo XVII. Mi pregunta es por qué. Por qué a las mujeres les salían po**as por un simple estornudo. Esto pasaba mucho en los conventos. Me “escojono”.
Pero la verdad es que la literatura quizás no sea el mejor modo de aproximarse a este fenómeno. He leído varios artículos de un urólogo que estudia el caso de Elena/o de Céspedes. Hasta 6 médicos certificaron que era hombre alguien que, en mi opinión, nunca lo fue.
Elena de Céspedes nunca escribió. Ni una sola línea. No puedo estudiarla como autora. Pero tampoco este señor urólogo puede hacer el ridículo espantoso que ha hecho tratando de determinar la “patología” de una persona fallecida hace 4 siglos. Tengamos dignidad.
El caso de Elena de Céspedes no deja de fascinarme, a pesar de lo trillado y manoseado que me lo tienen ya hasta los médicos. Primero era mulata (a finales del XVI, eso es como un marciano en Alcobendas); tuvo un hijo siendo muy niña; después cambió su nombre a Eleno, estudió cirugía, fue soldado, se casó con dos mujeres. Cuando la pillaron dijo que después de parir, precisamente a causa del esfuerzo, se le desprendió un pellejo del bajo vientre y le apareció un hermoso cimbrel. Se cosió ella misma la entrada de la vagina y los médicos certificaron que era un hombre (el cimbrel no me preguntéis de dónde salió). Más tarde volvió a ser procesada y se la volvió a examinar. Esta vez los médicos dijeron que no tenía “natura” de hombre. Ella dijo que había desarrollado un cáncer y el cimbrel se le fue gangrenando y cayendo a pedazos en la misma cárcel donde la habían tenido en “prisión preventiva”. Todo esto se lo tragaron con patatas los tribunales de la corona de Castilla.
Cambió su declaración unas 4 veces; por eso sabemos que se cosió a sí misma. Era cirujana, y buena: es perfectamente creíble. Más que el nacimiento espontáneo de polla, qué queréis que os diga.
Se convocó como testigos a sus ex amantes y a su esposa. Ninguna negó que fuera un hombre.
Le fue conmutada la pena de muerte por la de destierro. Si se hubiera declarado mujer habría infringido al menos 10 leyes de entonces: ayuntarse con otra mujer, tomar armas, ejercer la medicina, usar nombre falso... etc.
Elena de Céspedes dijo que tenía un cimbrel para salvar su vida. Y hasta sus amantes, despechadas, la cubrieron; porque por mucho rencor que se le tenga a un antiguo amor, una no querría que sobre su conciencia pesara su muerte. Esta es mi opinión.
Siento que cuando se acerca a este tema, la gente se ciega y sus cerebros involucionan. ¿Era un hombre? ¿Era una mujer? ¿Qué tipo de malformación genital tenía?
Un morro impresionante era lo que tenía Elena de Céspedes, y muchas que como ella dijeron: “¿No puedo follar con María del Caño? Te vas a enterar. Ahora me saco un cimbrel de la manga y a ver qué haces. ¿Tú eres tonto? Pues yo me convierto en hombre”. A los médicos, con 50 o 100 maravedíes se les podía pedir que vieran pollas donde no las había. Y bien grandes.
Decenas de monjas entraron a profesar como novicias y salieron como frailes, en una suerte de fenómeno generalizado de cambio espontáneo de sexo que no se veía mal, ni excesivamente raro. Era un accidente con el que se contaba. Cuando Elena de Céspedes inventó su historia, sabía perfectamente lo que hacía.
Sé que cuesta creerlo, pero tengo las pruebas.
Y ahí ando, decidiendo qué hacer con todo ese material. No me interesa saber cómo se construye el género a partir del deseo sexual (coño, si eso ocurre ahora mismo en cualquier parte: los maricas son medio mujeres y las lesbianas medio hombres. Preguntad en la calle. Os sorprenderíais). No me interesa tampoco la intersexualidad ni las teorías de género (qué sopor).
Me interesa saber por qué el mundo aceptó durante casi tres siglos, con bastante naturalidad, que una persona pudiera mutar de sexo espontáneamente (en realidad, que una mujer pudiera volverse hombre de repente; porque el cambio contrario, evidentemente, era absurdo a todas luces. ¿Qué hombre hubiera querido ser mujer en aquella época?).
Los dos últimos casos parecidos que conozco se produjeron en Sicilia a finales del siglo XIX y en Galicia a principios del XX, respectivamente. No penséis ni por lo más remoto que se dejó de creer hace mucho en las generaciones espontáneas de pene. Yo estoy convencida de que alguna abuela todavía puede contar alguna historia parecida.
Así que ahí ando, intentando averiguar.
Me sigue enterneciendo mi madre, que cuando le cuento esto, me dice: “Hija, qué cosas”. Pero me escucha y se entera de todo. Y luego me pregunta si voy a querer llevarme croquetas en el tupper. Mi padre, de fondo, murmura que si llego el viernes se va a tener que afeitar. ¿Por qué? No lo sé muy bien, pero él se afeita. Son misterios del protocolo masculino, y de su forma de expresar el afecto, que respeto y no aspiro a entender. Simplemente los agradezco.
A veces, cuando tengo tentaciones de creer que la vida es otra cosa; que MI vida le pertenece a alguien y que eso es verdaderamente importante, me basta llamar a mis padres y decirles que voy a verles. Entonces comprendo. Me pueden explicar en todos los idiomas todo lo que han querido quererme y no han podido; o todo lo que podrían quererme... O todo lo que ellos entienden por amor. El amor es la alegría en la voz de una persona que sabe que voy a ir a verla. Nada más. Nada más sincero.
Este calor absurdo que hace en Madrid... El calor es mentira.
"La razón por la que las mujeres pueden convertirse en hombres es que tienen oculto dentro del cuerpo tanto como los hombres muestran al descubierto, salvo que no tienen bastante calor ni capacidad para sacar afuera lo que, debido a la frialdad de su temperamento, se mantiene como atado en el interior. Por ello, si con el tiempo la humedad de la infancia - que impedía al calor cumplir plenamente con su deber - queda exhalada en su mayor parte, y el calor se hace más robusto, áspero y activo, no es cosa increíble que éste, ayudado esencialmente por algún movimiento violento, pueda expulsar al exterior lo que estaba oculto dentro. Y, como semejante metamorfosis tiene lugar en la Naturaleza por las razones y ejemplos alegados, por eso nunca encontramos en una historia auténtica que hombre alguno se haya convertido en mujer, ya que la Naturaleza tiende siempre a lo que es más perfecto, y no, por el contrario, a hacer que lo que es perfecto se vuelva imperfecto" (Ambroise Paré, Des monstres et prodiges, 1585)

5 comentarios:
Ostrás, qué post más interesante. No tenía ni idea de lo de la generación espontánea de cimbrel, como tú dices. ¿Te imaginas? Qué horror, levantarte un día y encontrarte con... Uy, mi peor pesadilla, quita, quita. Anda que no tuvieron que pasarlas putas las mujeres en aquella época...
Cuando escribas el artículo, ya dirás dónde encontrarlo.
Es de agradecer que en la actualidad para follar con María del Caño, no haya que sacarse nada del conyo, aunque por desgracia y con frecuencia sí de la manga, eso no cambiará nunca.
Me ha encantado. Tengo mucha curiosidad por saber más.
Qué verdad tan verdadera eso del amor y la alegría de la voz de quien sabe vas a ir a ver. Me ha entrado urgencia por organizar un viaje.
Un beso Maritornes, y no perdones las croquetas.
Hola, Ruth, os mantendré informados. No te preocupes, últimamente no suelen salir muchos cimbreles espontáneos. Tu por si acaso no hagas esfuerzos raros.
Silbante: Sin duda es de agradecer. Los subterfugios que había que hacer antes son dignos de novelar. Si viajas, vete a donde te esperen. Un beso mu grande.
Yo, desde luego, no puedo aportar nada útil a tus investigaciones. A ver si con un poco de suerte puedo cerrar la boca, que se me abrió al leer el tema de tu artículo... Qué cosas, hija... ;)
Entonces, Sparkling, te quedaste "como la que se tragó el cazo" (es una expresión que me fascina, y que solo he oído en Málaga y en mi casa. Qué cosas). Gracias por pasarte. Un abrazo
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