martes 1 de noviembre de 2011

Sobre presentes sin sentido

José Joaquín Olmedo (1780-1847) nació en Guayaquil, que ahora es Ecuador, pero entonces no se tenía muy claro. Se lo disputaban Ecuador, Perú y un mítico estado de la Gran Colombia que quiso instaurar Simón Bolívar, y que era un despropósito.
Llevo casi un mes con él. Me he leído exactamente 250 cartas personales que Olmedo escribió a su familia, a sus amigos, a diferentes personalidades políticas y literarias de la época. Por cada una de esas cartas he tenido que hacer una especie de informe. Al principio acometí la tarea con profesionalidad y paciencia. Casi un mes después, hasta mis compañeros me toman el pelo. Estoy hasta el coño de Olmedo.

Hace tiempo que vengo diciendo que el siglo XVIII me aburre soberanamente, y me parece triste e insulso. En realidad, hay algo mucho más patético que eso: las personas que vivieron la transición del siglo XVIII al XIX, que ni son ilustrados, ni románticos; ni antiguos, ni modernos; ni hablaban un castellano alejado de los usos actuales, ni tampoco terminaba de ser lo que hablamos ahora. Exactamente igual que todos nosotros, productos de la transición de dos siglos. Y eso me hace pensar mucho en cómo nos considerará la Historia en el futuro.
Yo pensé que Olmedo iba a ser un autor más, y aquí estoy escribiendo sobre él. Lo ha conseguido. Sé que en Ecuador y Perú lo conocen, y se escriben libros sobre él. De hecho, la única edición que manejo está publicada en Guayaquil. Porque en España nos importa un “peo”. Fue prócer de la patria. Esto, que lo sepáis, era una profesión en aquellos siglos. Es decir, que estuvo en todo el ajo de la independencia de Ecuador y del Perú. Redactó las constituciones de ambos países. Pero antes de todo eso, no sé si hipócritamente (hasta que se despertó su ideal independentista), sirvió a la corona española con dedicación. Y lo enviaron a Cádiz, allá por 1812, para que representara a lo que entonces se llamaba la provincia de Guayaquil en las primeras cortes constitucionales.
Después América estalló.
Se proclamaron naciones por doquier, se alzaron ejércitos; se asesinó, se cantaron himnos, se mandaron expediciones diplomáticas a Europa para que reconociera a los nuevos estados... Nació el mundo moderno. Olmedo estaba ahí, y escribió dos grandes poemas heroicos celebrando las victorias de Bolívar y del general San Martín contra los españoles. Son poemas preciosos. Se hablaba de libertad, solidaridad, igualdad, futuro, identidad, orgullo, humildad, valentía, grandeza. Se hablaba de Constitución, democracia, derechos... No sólo en América. Europa estaba hasta el mismísimo de monarquías absolutistas. El pueblo estaba, en general, muy harto del Antiguo Régimen. Es posible que no seamos conscientes de lo que supuso Cádiz en 1812. Yo cada vez lo soy más. No tenemos ni idea.
Las cartas de Olmedo están ordenadas cronológicamente. Y lo que he visto hasta ahora debo y quiero compartirlo con quien desee leer esto.
A principios del siglo XIX se creía en la posibilidad de cambiar el mundo. Y el mundo se cambió. Simón Bolívar se convirtió en un dictador y en un hijo de la gran puta; un déspota, un tirano. Un pelele. Los políticos europeos eran corruptos; los recién estrenados políticos americanos se volvieron corruptos en cuestión de 5 minutos. Gran Bretaña no reconocía la independencia de Ecuador porque le debía dinero. En el fondo, toda esa mandanga nacionalista se la pelaba: quería el dinero que había prestado, posiblemente para abastecer ejércitos y matar personas (el hecho de que esas personas fueran españoles, creed que me importa un pimiento).
Olmedo se llevó a matar con Bolívar. Al principio parecían amantes; después, como diplomático en París y Londres, tuvo que aguantar el bochorno de la corrupción de sus próceres. No compartía sus decisiones. Se desesperaba.
He aprendido que en cuestión de 10 años cualquier proyecto (cualquiera) fracasa irremediablemente por la ambición personal de quien lo lleve a cabo. Cierto que los estados americanos consiguieron su independencia. Pero las secuelas personales que aquello tuvo para personas como Olmedo no se pueden cuantificar.
No hay nada más triste que la decepción moral.
Simón Bolívar era un señor mediocre (moralmente, quiero decir. Intuyo que gran militar), tan mediocre como quienes ahora mismo se llenan la boca con él. Estoy absolutamente segura de que fue, un día, un muchacho de 18 años, agobiado por el peso del yugo español y colonial, que creía y veía una patria libre de injusticias y servilismos. Cuando tuvo la edad conveniente y se le otorgó el poder conveniente, instauró sus propias desigualdades y servilismos (en el seno de su patria) y se convirtió en un gilipollas sin escrúpulos.
En todo este cachondeo, Olmedo también mandaba cartas a su esposa y a sus hijos. Corregía los deberes de su hijo mayor, le ordenaba leer a Virgilio y otros clásicos; le pedía que tradujera hexámetros de Ovidio y le imponía media hora de lectura en francés. Quisieron nombrarle 500 cosas; dimitió de decenas de cargos y rechazó otros tantos. Estaba hasta el coño, exactamente como yo estoy ahora de él.
No puedo quitarme a Olmedo de la cabeza, ahora que me intentan meter en la misma que la gente se ha indignado (en el 2011, me descojono) y que va a cambiar las cosas. Las cosas no han cambiado desde hace 200 años. Se nos ha olvidado cómo nació la democracia, las constituciones, los derechos que ahora consideramos inalienables. Nuestra situación es la misma, exactamente la misma. Y somos la burla reencarnada de aquellas personas (políticos y ciudadanos). Lo que a mí me indigna del movimiento de los indignados es que nos llevan tomando el pelo con las mismas armas, los mismos mecanismos, el mismo funcionamiento desde hace 200 años. Y si yo, de verdad, me diera cuenta ahora, me avergonzaría. Por mí y por mis antepasados. Por pava. Y no saldría a la Puerta del Sol con 6 latas de cerveza. Saldría a pegar tiros en la Moncloa, por toda la sangre que se ha derramado en estos siglos. Ojo por ojo, diente por diente.
Todos vosotros habéis visto cómo funcionan las cosas desde que habéis nacido. Sólo ahora, que la burbuja ha estallado, la denunciáis. No me sirve. Teníais que haberlo anunciado antes. Teníais que haberos indignado antes. Habéis sido cómplices del sistema, y cuando este mismo sistema os ha convertido en víctimas, clamáis contra él.
Me cago en todo lo que se menea, y si puede ser en la Puerta del Sol, mejor.
Sois capitalistas, sois exclusivos; habéis comido de un estado de bienestar capitalista que establecía sus reductos de marginalidad (inmigrantes, drogodependientes...), bien delimitados.Y ahora que ese arco de marginalidad se amplía y empieza a afectar a las personas obreras que hasta ahora vivían vidas normales, porque podían pagar sus hipotecas a costa de prostituirse en empresas de todo tipo; ahora que tu novia o tu hermano se quedan en la calle, en el paro, en la indigencia... vas tú y te indignas.
Habéis tenido trabajos; habéis cobrado esas nóminas sin ningún tipo de recato. Habéis visto cómo concedían hipotecas a vuestros seres queridos y cercanos (si no os las han concedido a vosotros mismos). Sabíais que los bancos no jugaban limpio. Habéis viajado a Italia, Marruecos y Londres (en verano y en los puentes), habéis comprado televisores de plasma, o plazas de garaje. Habéis chupado del bote del Estado cuando os habéis quedado en paro, y no habéis pensado en ningún momento que yo (y miles de personas como yo) pagábamos 250 euros al mes al Estado, como autónomos, para que vosotros subsistiérais. Porque también podríais haber arriesgado, y cotizar como autónomos, y mover el culo, y emprender, y arrimar el hombro, y aprender, y mejorar, y no esperar a que papáEstado os dé la sopa boba, y... No. Cuando llegaba la fecha señalada, votábais a ese partido buenito que iba a impedir que vinieran los malos (es que la derecha es mala, esto es una ley inmutable que no tiene vuelta de hoja. Como si supiérais lo que es la derecha y la izquierda, claro; o como si a estas alturas de la película se distinguieran en algo). ¿¿Y ahora les pedís explicaciones a esas personas a las que habéis votado??
No me sale del alma, ni de ninguna parte, indignarme contra el sistema. Reventará. Vosotros y yo con él. Que acampe en Sol Rita la Pollera. Habéis alimentado los sueños y las ansias de poder, y las cuentas corrientes de todos los Simones Bolívar de este país durante siglos. ¡¡Siglos, coño!! Habéis sido cómplices. No ayer, no el año pasado.
200 años de complicidad, de imbecilidad humana. Toda mi vida escuchando “¿A quién vas a votar? Tía, hay que votar al PSOE para que no gane el PP”. Todavía he tenido que aguantar frasecitas del tipo “Si no votas no tienes derecho a quejarte”.
Que os vayáis a la mierda.
Le haréis caso al próximo idiota que os ponga una zanahoria pintada de un color nuevo delante de los ojos. Diréis que el mundo ha cambiado.
Y sí, América se despojó del yugo español. Estoy convencida de que si hubiera sabido de qué calibre era el nuevo yugo que le esperaba, hubieran concentrado sus fuerzas en algo mucho más importante. Como exterminar a políticos y militares, y exigir, en nombre del dios en que cada uno crea, dignidad para todos los hombres y mujeres.

3 comentarios:

Carol Blenk dijo...

Uf, no sé qué comentarte porque estoy tan tan tan de acuerdo contigo que todo lo que te pueda decir aquí sobra. Mis 254,21€ mensuales como autónoma que soy también me duelen cuando oigo ciertas imbecilidades. Mi madre siempre lo dice: ni la derecha es tan mala, ni la izquierda tan buena. A mí últimamente me da asco todo, y todos. La manipulación ha llegado a unos extremos de espanto...

Un placer leerte.

Ruth dijo...

Pues yo no soy autónoma, es más, soy funcionaria, pero como siempre que leo una de tus entradas "desde la tripa", como yo las llamo, estoy de acuerdo contigo. Tengo varias opiniones al respecto de indignados y demás:
-Vivimos en una sociedad (una, la occidental, el "primer mundo", que al final todos somos iguales) que se lleva cocinando desde el Paleolítico. Si la revolución francesa no cambió nada, si el comunismo de la URSS nos dejó en las mismas, si ningún movimiento ha conseguido cambiar sustancialmente nada, ¿de verdad creen los "indignados" que fumando unos porros en la plaza se soluciona todo? Esto está tan jodido que no lo cambia ni dios, mucho menos los hombres (y sí, digo hombres y no personas, porque al final son ellos los que siguen teniendo la sartén por el mango; ni eso ha cambiado). Siempre hemos estado jodidos y seguiremos estándolo; lo que pasa es que a veces se nota más, sobre todo cuando pasas hambre o no tienes dinero para potear.
-El que tiene ideales no tiene poder, y el que tiene poder no tiene ideales. Así de simple. El poder corrompe. El ser humano es egoísta, no sé si por nacimiento o por "hechura". Me da igual, el resultado es el mismo. Al final: una mierda.
-El concepto de izquierdas y derechas que tenemos me da risa. Yo, a mis casi treinta y seis, no he conocido ni una sola política verdaderamente de izquierdas; creo que nadie en mi generación lo ha hecho. Aquí todos somos "ande yo caliente, ríase la gente", y si no te gusta, puerta. Somos capitalistas votemos a quien votemos, y eso, por definición, nunca puede ser de izquierdas.

He perdido la esperanza en la Humanidad. Como tú bien dices, esto terminará explotando, pero no lo verán ni tus ojos ni los míos. ¿Y sabes qué? Ya me da igual. He decidido mandar a todos a tomar por culo y hacer y pensar lo que me dé la gana, porque no importa. A nadie le importa una mierda lo que yo piense, haga o deje de hacer. Ni tú, ni yo, ni siquiera los 7000 millones de habitantes de la Tierra unidos podríamos cambiar nada. Y la verdad, no sé si quiero. Para qué. Si a mí en realidad me quedan dos telediarios, qué es una vida humana en la Historia.

Victoria Dubrovnik dijo...

Este 20N, no sé a quién votaré. Lo estoy pensando. Aunque tengo una certeza: no votaré ni al PP ni al PSOE.

Mi indignación no viene de ahora. Viene de antes. De mucho antes. Porque nunca he llegado a entender el mundo. Nunca he comprendido ese reparto desigual de riqueza. Nunca he entendido ciertos privilegios tanto de la clase política, como de la monarquía.

¿la gente que cobra el paro se aprovecha del sistema? No. No es cuestión de la gente. Es su derecho. Ellos al fin y al cabo, habrán cotizado, y por lo tanto les pertenece.

El problema viene de arriba. Viene del propio sistema, de cómo lo regula y lo gestiona.
Véase el caso. Persona de 45 años. Si no tiene rentas, o ingresos superiores al salario mínimo interprofesional, lo único que tendrá que hacer será renovar la demanda durante un periodo de doce meses, y obtendrá la maravillosa ayuda de 426€ mensuales durante once meses.

¿Está persona se está aprovechando del sistema?

Hay personas que verdaderamente sí que lo necesitan, que si se les quitará esta ayuda no podrían ni tan siquiera subsistir. Y hay otras tantas, que lo hacen para tener más ingresos, que su pareja ya cobra bastante pero no están casadas así que ingresos, no tiene ¿Se aprovechan? Sí y no. Al fin y al cabo, ellas cumplen los requisitos. ¿Es un delito? No. Sólo realizan la solicitud.
Cuando salió esta ayuda recibió muchas quejas, porque difícilmente iba a fomentar el empleo, sino más bien todo lo contrario: el parasitismo, y mientras vosotros los autónomos quedan completamente desprotegidos y viven situaciones de una desprotección absoluta. Pero los cabezas pensantes así lo determinaron.

Después hablaríamos de los créditos del BANCO. Nos los concedían con una facilidad pasmosa. Querías una TV de plasma, y zas, ahí lo tenías. Querías un coche Mercedes serie Z, y zas, otro para ti. Y sucedía y sucede que a lo mejor, tenías un sueldo de 900€. Pero te daba igual, estabas a la moda, tenías el último objeto informático y fardabas así con los amigos…

Así que…

Nos obsesionamos con el tener, con el poseer… y nos olvidamos del SER…
Y no entraré ahora en un discurso metafísico… Pero sí quiero hacer hincapié de saber quiénes somos, y conocer cuáles son nuestras limitaciones.

La culpa sí, es de la banca, y también nuestra.

Pero el movimiento 15M lo considero necesario. Esta removiendo la conciencia, y aunque no llegue a los políticos, a nivel local, en las asambleas de barrio, están sucediendo cosas, tales como la aparición de la red de ayuda mutua: “si yo sé hacer esto, y tú esto, ¿nos ayudamos?.

No se trata tan sólo de salir un día a la calle a indignarse. Detrás hay mucho más trabajo.

Y quizás no es que hayan/hayamos salido por la indignación, es que lo que está sucediendo ahora es un insulto.

Y seguro que me dejo cosas por comentar... pero ahora a voz de pronto es lo que me sale...

Un saludo y feliz día :)