¿Dónde se compra el derecho a ser amados verdaderamente, a poder descansar, a sentir que tu abrazo me cubre (aun en la distancia)? ¿Dónde el derecho a disfrutar del privilegio de ser una misma, derrotada incluso, llorosa y hasta indigna? Una misma, nada más; sin súplicas ni luchas. Que vinieran a buscarme y me tendieran sobre un lecho de albahaca. Una mortaja de besos. Silencio.
Que cesara el miedo de sentir. Que se cayera esta máscara.
¿Dónde se compra el derecho a dejar de mendigar?
"Perdóname por esta voz deshecha
por el tabaco y la fatiga,
y por esta actitud decadente.
Perdóname por este aspecto desaliñado
y por el triste abandono.
El paso del tiempo nos concederá
sabiduría y sentido común.
Mi revolución llueve sobre mojado.
Un castillo de arena que no dejará
ni infamia ni barro".
"Perdóname por esta voz deshecha
por el tabaco y la fatiga,
y por esta actitud decadente.
Perdóname por este aspecto desaliñado
y por el triste abandono.
El paso del tiempo nos concederá
sabiduría y sentido común.
Mi revolución llueve sobre mojado.
Un castillo de arena que no dejará
ni infamia ni barro".
1 comentarios:
Precioso... y triste. Supongo que el miedo a sentir cesa cuando vuelves a sentirte abrazado-por tu pareja, por un amigo, por una canción acaso-. Búscalas, no me gusta verte así. J.
Publicar un comentario en la entrada