lunes 23 de enero de 2012

Una de la Italia profunda

—¿De qué habla ese libro que no te quieren publicar?
—Habla de dos personas que ya no están juntas. Una sufre y la otra no. Pero en realidad... habla de que no tenemos que tener miedo de dejar. Porque las cosas que de verdad importan, no se dejan nunca.
(Mine vaganti)


Acabo de ver Mine vaganti, de Ferzan Ozpetek. Está colgada en Youtube, completa (http://www.youtube.com/watch?v=ePIfOgBDxtc&feature=related). Yo no entiendo estas cosas. Quizás me metan en la cárcel, o el señor Ozpetek me pase una factura el mes que viene.
Me da igual. Ahí que estaba la peli, y me la he visto.
Aunque G no esté para nada de acuerdo conmigo, creo que es de lo mejor de Ozpetek. Un pálido reflejo de lo que fue en los 90, es verdad, pero una comedia deliciosamente triste y absolutamente bien resuelta.

En la ciudad de Lecce (región de Puglia), donde se ambienta la historia, viví con apenas 20 años un surrealismo que esta película no alcanza. En esa ciudad amé mucho y sufrí más aún. Y os aseguro que existía todo (existe aún seguramente, pues Ozpetek lo relata): la tía alcohólica, la abuela loca, el patriarca histriónico y homófobo; la doble moral, la pasión más verdadera y más oculta. Es decir: el catolicismo puro.

Ver de nuevo las calles de Lecce (creo que hace 15 años que no he vuelto) enmarcando esta historia me ha llenado de alegría. Porque me he dado cuenta de que no soñé aquello, y sí estuve en una iglesia y en un banquete de unas bodas de plata. Y sí me senté al lado del marido de la mujer que amaba. Y él me pidió (me lo susurró al oído, entre el segundo plato y el marisco que venía después) que por favor le ayudara a recuperar a su esposa, pues se había alejado de él y no entendía por qué. “Porque me la estoy follando yo, gilipollas”. Pero esas palabras jamás salieron de mi boca. Bailé con él, y con ella. Bailé con una niña de 7 años que ahora tendrá 22, y que no dejó de preguntar por mí en los siguientes meses (quién sabe si esa mujer se acuerda de mí). Fui cortejada por un adolescente de 16 años, que iba con su motocicleta a todas partes. Fui agasajada de todas las maneras posibles. Y en aquella inmensa mesa, y aquella larga noche, un hombre y una mujer (yo) sufríamos por el mismo motivo.
Si Ferzan Ozpetek no ha hecho aún una película de mi vida es porque no nos han presentado.

Creo, por otra parte, que por fin Ozpetek ha dejado de utilizar a los actores que se lleva al catre, y ha empezado a hacer buenos castings (a ver si Almodóvar aprende). Adoro a Ennio Fantastichini.

Dejo aquí el trailer en italiano. No importa que no entendáis la mayor parte de lo que dice. Quedaos solo con estos conceptos esenciales:
1) Troia (“puta”)
Zoccola (“zorra”)
Es la mejor escena del mundo.

2) “È più faticoso stare zitti che dire quello che si pensa”: Es más cansado estarse callado que decir lo que se piensa.

Hoy, de nuevo, toca no dormir. Pero creo que he empleado bien el tiempo.

En Lecce, hace 15 años, yo pensaba que nada podría interponerse en el (grandioso, profundo, inconmensurable) amor de dos personas. Ahora sé que son esas propias personas las únicas responsables de boicotear la vida, o por el contrario, de hacerla posible. Yo no he podido amar más. No puedo amar más en estos momentos, ni echar de menos más. Pero no depende de mí, igual que aquella vez tampoco dependió de mí (es que era joven y me costó entenderlo). Entonces perdí, y si esta vez toca lo mismo, beberemos tequila (o en su defecto limoncello, con la tía alcohólica de alguien).
Algún día daré con alguien que piense (como yo) que ser felices es un derecho. Y a veces una obligación.


Mine vaganti (tráiler):

3 comentarios:

Victoria dijo...

Nada. Que me gusta el blog...
Saludo.

Maritornes dijo...

Gracias, Victoria. Un abrazo

bcrcpl67 dijo...

Me gusta eso que ya te he leído, y quizá habría que darle la vuelta: tenemos la obligación y el derecho a ser felices.
J