¿No sería estupendo ser capaz de amar? Ansío de verdad encontrar un lenguaje nuevo, para hablarlo con un ser nuevo, que no me pida nada de lo que ya he dado (despilfarrado) de manera estúpida e innecesaria. Quiero que me pida cosas más importantes. Necesito ayuda para reinventarme. O quizás sólo para recuperar todo lo que he perdido.
Me encantaría que la vida fuera norteamericana y se escribiera en un guión que promueva valores morales fáciles e imposibles de llevar a la práctica; con una banda sonora en inglés. Hermosa y falsa.
Me gusta Cristina Branco porque es seria, y un pelín borde. Se plantifica en el escenario, dice poco y lo hace en portugués. Al que le guste bien; el que no lo entienda que se aguante o que se vaya a su casa. No está para bromas, ni para alegrías fingidas. Toda la pasión, toda la felicidad y todo el dolor te los va a dar mientras dura la canción. Después nada. Se lo guarda para ella, porque es suyo; y porque la hipocresía no está en su naturaleza. No soporta a María Berasarte (yo tampoco), y se le nota. Es tristísima la gente que intenta llenar con gestos histriónicos su propio vacío. Le tocó compartir escenario con ella, y todos fuimos capaces de ver la úlcera que eso le causó.
Me encanta. Mi amiga S. asegura que el pianista es una mezcla entre Yola Berrocal y Rafa Nadal. Lo peor de todo es que creo que tiene razón.
Así me siento los domingos, incluso los de puente “almudenero” como este pasado, porque he adquirido la tonta costumbre de ir a comer al VIP’s. He descubierto la comodidad de comprar la prensa a las 4 de la tarde y comer una guarrería cualquiera mientras la leo. Sin prisas, sin “corre, corre que me cierran”, sin la culpabilidad provinciana de saber que no he comido aún y voy a contracorriente del mundo y su organización stalinista. Yo es que los domingos no llego ni al brunch (desayuno tardío de toda la puñetera vida de Dios), sino que me paso directamente a la merienda. Pero no me siento protagonista de una (mala) película norteamericana por almorzar en una cadena donde la comida está compuesta de hamburguesas y sándwiches repugnantes. No, no es ése el motivo. Lo que ocurre es que llevo ya tres semanas aproximadamente sorprendiéndome en uno de esos plano-contraplano en los que alguien, frente a la barra de un bar o la caja de un comercio, se topa con una mujer atractiva y empieza entonces un juego tonto y patético con baile de miradas furtivas incluido, caída de monedas, confusión con los cambios, sonrisas idiotas y el “me fui sin decir lo que pensaba” (gracias a Dios, por otra parte, porque sólo a un idiota redomado se le ocurre decir lo que piensa en una circunstancia así). Total, que la secuencia es como sigue: yo entro, escojo la prensa, me pongo en la cola de la caja y la muchacha cajera me divisa. Entonces a mí me da la sensación de que se pone nerviosa y suena de fondo una música cutre de suspense mientras la cola va avanzando y yo me voy encontrando cada vez más cerca del objetivo (que no es otro que pagar mi periódico). Chan chán, chan chán... La muchacha cajera no da pie con bola. Cuando por fin llego, pago, se nos caen las monedas, nos miramos, sonreímos y me voy a comer con el periódico bajo el brazo. Al salir me quedo merodeando entre los best-sellers, a ver qué monería encuentro, y mentiría si dijera que no la espío de reojo, con la única finalidad de comprobar si ella me mira a mí; cosa que a veces sucede y a veces no. Después me voy. Tan ricamente. Así que estas cosas existen. En el teleflim yo, un día de éstos, diría una cosa súper ingeniosa, la invitaría a tomar un café y semanas más tarde viviríamos en una casa adosada de las afueras. Después tendríamos dos hijos, dos coches, dos perros, dos amantes y dos vecinos insoportables. Ella, por supuesto, dejaría de ser cajera; se dedicaría a cuidar de nuestros hijos mientras yo llevo el dinero a casa. Seríamos felices. Pero la cruda realidad es un pelín diferente. Lo cierto es que ella es esa clase de mujer en la que no me fijaría nunca, una de esas bellezas efébicas y andróginas a lo Schwarzenbach a la que las viejas miopes confunden siempre con un chico. Y ello a pesar de que tiene una voz muy dulce. Pero claro, las viejas miopes también suelen estar un poco tenientes. Yo no quiero invitarla a café. Me aterroriza la idea de que sea tonta del culo (algo que no creo, de todas formas, porque ayer presencié cómo le explicaba a una señora lo que era una “segunda edición” de un libro. La clienta se empeñaba en que le vendiera un ejemplar de la primera, lo cual resultaba harto imposible. Empleó un lenguaje muy didáctico, y un tono paciente bajo el que se podía leer perfectamente “usted es imbécil, señora”. Lo hizo muy bien). El caso, como decía, es que lo que verdaderamente me atrae es ese contraste inesperado entre su aspecto físico y su actitud enormemente vulnerable, una combinación que me permite imaginar muchas cosas y que me resulta profunda y sorprendentemente sexual. Me gusta su timidez, y su lucha por agradar al cliente, contentar al jefe y no sentirse una porquería, todo al mismo tiempo. Probablemente yo imagino que le gusto, cuando en realidad nada de esto sucede. Probablemente ella imagina lo contrario; o no. Sea como fuere, los teleflims americanos se basan en hechos reales. Al menos, en hechos mentales reales. Este es mi descubrimiento de hoy. Una estupidez de semejante calibre es capaz de alegrarnos el día, o simplemente de hacernos reflexivos por unas horas. Lo cual no es poco. Al volver a casa me puse a trabajar en la traducción de un folleto de propaganda de unas monjas italianas. Espero no estar incurriendo en ningún delito al airearlo, el caso es que este folleto explica paso por paso la vida del fundador, don Luigi Guanella. Que por si a alguien le interesa, puso en marcha hace ya un siglo esta obra:
Y estos curas han resultado ser unos graciosos de tomo y lomo. Mirad qué chispa tienen los jodíos y cómo se lo curran para presentar el producto (no os perdáis el momento Titanic):
Me han caído fenomenal. Total, que dos días enteros me he pasado con este señor Guanella y su obra, misericordia y providencia divinas mediante, adentrándome en los recovecos de la caridad y la asistencia a los pobres. Mucho más que admirable, desde luego. Pero el autor del folleto también me ha dejado claro que por culpa del liberalismo y de los masones (lo juro y lo prometo), el beato tuvo muchas dificultades para llevar adelante sus propósitos. Mecachis en la mar, ibais tan bien... ¿Por qué tenéis que fastidiarla de una manera tan estúpida? Un poquito de cabeza, joder, que no están las cosas fuera de Italia como para daros el premio a la popularidad, precisamente. No en una época histórica en la que miles de personas laicas y aconfesionales realizan tareas de caridad humana en todo el mundo, sin necesidad de estar auspiciados por la Iglesia. Si hasta los Gobiernos (cuando les conviene y les va bien) financian “obras” asistenciales de diversos tipos. No, ya no existe ese monopolio que antes teníais, así que más os vale hacer vídeos molones en Youtube y MODERNIZAR los textos de propaganda; porque os arriesgáis a sufrir un efecto rebote. El 90% del folleto se salva, he de decir. Y me he sentido un poco abrumada ante la consciencia de que existen muchas personas para las que su vida gira en torno a esas obras y esas misiones, sin que (aparentemente) busquen, deseen ni se reserven nada para ellos. Sin que necesiten amores mezquinos, carnales y cotidianos, porque ya poseen un amor mucho más inmenso y perfecto. ¿Es así?, me pregunto. ¿Están realmente por encima de ello? ¿Dios les dio un cuerpo como a los demás y no les otorgó las necesidades de los demás seres humanos? ¿Y por qué? ¿Es malo sentirlas? ¿Es que acaso yo no puedo amar, yo no puedo usar mi sexo y dar de comer al hambriento al mismo tiempo? ¿Es que no entendéis que lo que promulgáis es el sacrificio por el sacrificio, la renuncia gratuita y masoquista a las herramientas e instrumentos que el mismo Dios nos dio para expresarnos como seres humanos? No soporto creer que eso es estar más cerca de la perfección; y os lo creáis o no, me quita el sueño por las noches pensar que para ejecutar una obra de Amor, debo ascender a lugares que me resultan difíciles y cuyo intento por alcanzarlos sólo serviría para entorpecer mis actos de caridad. Llevar una vida cercenada, infeliz e incompleta. ¿Qué amor podría dar así? Yo hoy he sentido un poco de lástima por vosotros, por no tener una cajera en el VIP’s; y un poco de lástima por mí misma, por tenerla.
Quisiera invitaros a dos enlaces importantes que he añadido en este blog. Uno de ellos es la página de la Fundación Plan España, con quienes colaboro desde hace un tiempo. El otro es el blog de Yoani Sánchez (Generación Y), a través del cual podréis acceder a muchos otros blogs muy interesantes.
Y como despedida, una hermosa canción cortesía de Grek, que me vuelve loca, pero loca loca, por la profundidad de su letra. Besos a todos.
Los protagonistas de este vídeo trabajan en el departamento contiguo al mío. Una de sus reporteras acaba de ganar el premio de Periodismo Joven de la Unión Católica de Informadores y Periodistas de España.
Hemos de empezar a darles voz, porque quiero silenciar a esa jauría de criminales ignorantes que se arrogan el derecho a usar el nombre de Dios en vano, y que se autodenominan Iglesia. Sobre vosotros, por encima de vosotros, se alzarán los verdaderos cristianos. Y os quedaréis en paro. No os quepa duda.